Llamados a ser palabra de esperanza en tiempos difíciles

  • Vocaciones Jesuitas Colombia
  • Autor: Ricardo Delgado Martínez, SJ

La fiesta de Pentecostés, es ocasión en este año 2020 de pandemias y confinamientos, para reflexionar cómo el Espíritu Santo se hace presente. Conocemos por tradición que El Espíritu Santo es una persona divina que comunica al ser humano la vida en Dios. Dicho de otro modo, Dios se hace don para los seres
humanos a través de su Espíritu. La pregunta que surge, ¿Cómo se hace presente el Espíritu Santo en este tiempo?

La presencia del Señor es Discreta, su labor es silenciosa, diríamos casi imperceptible, sin embargo durante este último tiempo, que hemos estado encerrados por miedo a la muerte que trae el virus del COVID-19, la presencia de Dios la hemos experimentado a través de la Palabra. Experimentamos que Él ha estado en camino durante todo este tiempo, ha estado cerca, para sosteneracompañar la vida con su Palabra.

La afirmación que quiero proponer en este momento, no como una verdad absoluta, sino como una manera de interpretar la acción del Espíritu en las actuales circunstancias, es que El don de Dios, que llega a los seres humanos a través del Espíritu Santo se ha hecho Palabra, para dar esperanza, y consuelo en momentos de dificultad. No recuerdo otro momento de la historia en que la palabra haya jugado el rol que en la situación de confinamiento que viven los seres humanos hoy.

La liturgia del domingo de Pentecostés propone el Evangelio en Juan 2, 19-23. Este texto es un valioso regalo, porque de manera directa muestra cómo la palabra llega para transformar el ambiente, un ambiente denso y desesperanzador. Y no lo hace negando la situación, sino comunicando la paz, y entregando la misión de ser portadores de reconciliación en el mundo.

Hoy la palabra continúa su vocación como don de Dios en el mundo. A continuación compartiré tres ideas, sobre cómo la Palabra de Dios se ha hecho vida en este tiempo de gracia:


En primer lugar, la Palabra a todos participa el aliento creativo: “Enseguida sopló sobre ellos y les dijo…”. La Palabra se ha hecho don comunicado y compartido, para todos y sin exclusión. Es Dios mismo que crea con discreción y novedad, Dios creador que a todos aprecia en su diferencia. Dios creador que comunica su aliento creativo a sus creaturas, para que también participen de la obra de la creación.

El confinamiento ha sido un tiempo propicio, para responder al llamado que Dios hace al ser humano en ser creativo. El ser humano ha sabido responder mientras desarrolla maneras distintas de ser presencia en la ausencia, de convocar a la unidad en la distancia.

En segundo lugar, la Palabra porta la Paz, “Les traigo la Paz!” dice el Señor Jesucristo. Él es quien encarna la entrega absoluta e incondicional de la vida a los demás. Palabra que revela a la humanidad la verdad sobre aquello que significa ser persona. Una verdad que libera a la humanidad del desconocimiento de una vida en Dios, libera de abusar en el amor. Se llega a ser portador de la paz de Cristo cuando puestos frente a frente con el otro se es sí mismo, sin máscaras, ni prejuicios. Se es portador de la paz porque hemos sido hechos persona capaz de acoger el don.

En último lugar, “Se presentó Jesús, se colocó en medio de ellos y les dijo…” La Palabra irrumpe con fuerza y entra en la vida para disipar los miedos. Espíritu Divino que comunica el Hijo a los hombres y las mujeres con su luz. Espíritu que sana las heridas del corazón, y capacita para comunicar el don recibido, a aquellos que salen de sí en busca de amor. Espíritu Santo que empujas al ser humano al desierto para descubrirnos necesitados de tu amor. Espíritu que haces del ser humano Hijos de Dios, capaces de vivir desde el corazón de Jesucristo. Con tu palabra de paz nos haces portadores del consuelo, allá donde acontecen las necesidades más urgentes del mundo.

Al contemplar la palabra hecha don en nuestra vida, comprendemos que en el padre se hace donación, en el Hijo recepción, y en el Espíritu se hace solidaridad para potencializar el misterio de acogida del hijo encarnado. Será por la solidaridad en el don que todos y todas en el mundo lleguemos a ser Hijos, que todos lleguemos a ser persona.

Terminemos estas líneas con una petición: Como persona humana nos ponemos frente a ti Señor de la historia y de la vida. Por tu Espíritu que nos hace gritar Padre, queremos pedir, junto con María tu Madre, y la Iglesia de los creyentes en un solo Dios, un solo señor, un solo Espíritu, que tú que eres el don de dones, nos hagas palabra portadora de paz, para responder con esperanza en medio del mundo
necesitado de tu presencia.