Encuentro Arrupe 2020: Mi experiencia

Encuentro Arrupe 2020: Mi experiencia

Por: Joven en Experiencia de Disrcenimiento Vocacional

El día 6 de diciembre de 2020 desde Casa Manresa en Bogotá partimos a la finca San José en la vereda La Esperanza del municipio La Mesa, Cundinamarca, donde hasta el día 22 de diciembre nos encontramos presencialmente en el marco del proceso de discernimiento vocacional que varios jóvenes emprendimos desde mitad de año de forma on-line para responder al llamado de Dios en la Compañía de Jesús.

Participar en este encuentro realmente fue un reto, no solo por cada una de las aristas de nuestras historias de vida, sino por la actual situación que atraviesa el mundo por la pandemia del COVID-19. Sin embargo, con todas las medidas de bioseguridad y la esperanza en Dios Nuestro Señor, logramos aprovechar con mucha alegría todas las actividades propuestas por los jesuitas que, además de integrarnos, nos permitió conocer un poco más de cerca la Compañía de Jesús y realizar un proceso de introspección por medio de los Ejercicios Espirituales para dar una respuesta a Dios más transparente y firme.

Para muchos tal vez estas festividades de diciembre deben ser con la familia, como la noche de velitas que compartimos en la finca, pero empezamos a comprender que la distancia no es sinónimo de olvido y éramos conscientes de la necesidad de participar con mucho amor en este encuentro. En ese sentido, oramos a Nuestra Señora la Virgen María para que nos ponga con su Hijo; ella es una mujer especial, ejemplo de vida al darle un SÍ a Dios, por lo que nos encomendamos a Nuestra Madre, particularmente el día 8 de diciembre cuando celebramos la Inmaculada Concepción y el día 12 de diciembre cuando celebramos la fiesta de la Virgen de Guadalupe, celebraciones dotadas de creatividad, compromiso y amor.

Desarrollamos un trabajo en equipo entre quienes nos conocíamos inicialmente por plataforma Zoom, realmente era algo interesante y vimos que cada uno de nosotros es un universo, no solo porque veníamos de diversas partes del país, sino por nuestra formación, historia vocacional, formas de hablar con Dios y por nuestros sueños. Seguramente cada uno fue semilla para el otro, independientemente de la edad, ya que siempre estamos aprendiendo. Así mismo, logramos sacar varias tareas por equipos, tales como labores básicas del cuidado, preparación de materiales, oraciones dirigidas en parejas y una gran obra teatral donde todos participamos con un personaje en nuestra celebración de la Navidad.

Adicionalmente, el núcleo de este encuentro fue llevar a cabo los Ejercicios Espirituales propuestos por San Ignacio de Loyola; hicimos los ejercicios de segunda semana entre la noche del domingo 13 de diciembre y la noche del sábado 19 de diciembre. Aquí trabajamos la contemplación de varios pasajes del Evangelio sobre la vida de Jesús, tales como la encarnación y nacimiento, la perdida-hallazgo en el templo, su bautismo y sus relaciones con su Madre y amigos, entre otros. Fue una semana intensa por la potencialización de nuestra comunicación con Dios, esto gracias al silencio en el que nos inmiscuimos por esa semana.

Antes de comenzar los Ejercicios Espirituales estaba un poco preocupado pensando en qué podría hallar, incluso llegué a dudar y pensé que no lo lograría; sin embargo, les cuento con mucha alegría que fue una gran experiencia la cual, en el marco de la desconexión del ruido que no implica el olvido de nuestra realidad, me permitió reconocer mi fragilidad, identificar mis afectos desordenados y distinguir los factores que reducen mi libertad para atender al llamado del Señor. Al evidenciar todo aquello de mi condición humana, conciliado con los deseos de un mejor mundo y el anhelo de comprender, servir y amar a Jesús, sentí amor, ánimo y disposición para seguir a ese Dios que todo lo da por nosotros.

Hacer la autobiografía en paralelo a los ejercicios espirituales fue muy positivo ya que salían a la luz varios elementos a mejorar de mi vida. Sé que cometí errores de los cuales me arrepiento y posiblemente cometeré más en el marco de mi fragilidad humana, pero sé que en la oración y en la comunión será más factible distinguir al buen espíritu del mal espíritu para alcanzar la gracia de seguir a Jesús con plena libertad y así poder trabajar para que muchas más personas en el mundo puedan conocer al Hijo de Dios.

Estos Ejercicios Espirituales me permitieron analizar las relaciones con mi familia y amigos, comprender la eventual ruptura por acudir al llamado de Dios y empezar a confiar con mayor fuerza en Dios, teniendo la tranquilidad de que todos mis seres queridos estarán cuidados por Él. Así mismo, vislumbré mi deseo por una mejor sociedad, por un mayor cuidado de la Casa Común y a no perder nunca la esperanza en una mejor Colombia de la mano de Dios.

Este encuentro, me permitió también aceptarme tal como soy y mostrarlo al mundo, ser autentico, ser yo y no depender de las aprobaciones o apariencias que la sociedad superficial ha impuesto. Por eso, sea jesuita o no, aportaré para alcanzar la plena libertad del ser, ser nosotros, algo esencial para caminar con Jesús, reconociendo nuestra fragilidad y potencialidades que permitan pescar hombres y mujeres en el plan de consolidar el Reino de Dios en la tierra. 

Para cerrar, les comparto que disfruté las eucaristías diarias y en una de ella fui acolito por primera vez en mi vida. Escuchar la palabra, contemplarla, realizar los coloquios de los Ejercicios Espirituales y compartir lo vivido en las homilías, fue un gran alimento para el alma, tanto individual como colectiva, puesto que el ser se desenvuelve en un grado mayor de libertad, impulsado por el amor, el perdón y la esperanza de Dios.

Que Dios Padre nos permita continuar este camino con su Hijo e inspirados por el Espíritu Santo, ahora como Candidato a la Compañía de Jesús, con la firme convicción de darlo todo por Él y trabajar para que todos los corazones vean la luz y sientan el calor de Dios.